Soberbia/ Canasta básica/ Foto: Cuarto oscuro

Soberbia

Una única pregunta ¿a qué clase social pertenece el del discurso? Por cierto, “aspiracionistas” no es una palabra, “soberbia” sí.

Hablar de la clase media parece algo políticamente incorrecto, quejarse por pagar un alto predial, cuando hay quien no tiene casa, quejarse del aumento en los precios de la canasta básica, cuando hay quien no tiene que comer. Nuestro país, tan lleno de contrastes, parecería, desde la construcción del discurso político, uno de personas muy pobres y personas muy ricas. Borrado el resto que cabía entre la indigencia y los aviones privados. La clase media, la que no es beneficiara de programas sociales del gobierno, pero depende de servicios públicos de calidad, como el de salud. La clase media que genera empleo, la mayor parte del empleo, porque en México, este viene de las micros, pequeñas y medianas empresas.

Por esto es que hace tanto sentido aquella vez que el presidente dijo que la pandemia le caía como anillo al dedo, para sentar las bases de su transformación. Entre más personas dejaran la clase media, mayor el grupo para quienes una pequeña pensión, una pequeña beca, resultan en una enorme diferencia. Todo debe ser pequeño, como un breve respiro que permite sobrevivir a quien está por morir ahogado, suficiente para que no muera, pero no suficiente como para sacarlo de ahí. Mucho menos, que le permita subir a un barco, ni imaginarlo navegado. La pobreza consigue aplaudidores más baratos, la pobreza también compra más votos. Por eso hablar de la pobreza resulta siempre más redituable, que hablar de la clase media.

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Clase media

Que la clase media sea borrada del discurso como estrategia de comunicación es una de las tantas herramientas que ha dado el triunfo a la nada pobre autonombrada 4T, pero que ahora, se decida ponerla en el banquillo de los acusados como ha sucedido con tantos desde que inició esta administración, resulta un brutal tropezón. López Obrador acomodó en la misma vitrina a los medios de comunicación, comunicadores, grandes empresarios, políticos opositores, organizaciones de la sociedad civil, y ahora a la clase media, todo aquel con títulos universitarios y de maestría, extrañamente también a todo aquel que vaya a misa los domingos. Como si fuera teoría de conspiración, les llamó “aspiracionistas”, porque viene de quien no puede y no concibe el triunfo, si no es para aplastar al otro, así lo han vivido desde que llegaron al poder. ¿Quién iba a decirnos que ese iba a ser el discurso del primer gobierno de izquierda? Uno que tiene sus propias aspiraciones: una masa mansa, buena y homogénea, que no cuestione, que se conforme con lo que recibe del señor, el señor presidente. Todos merecen ser cuestionados y señalados por presidente salvo por dos grupos: el de los aplaudidores, y el narco.

“Aspiracionistas” no es una palabra, “soberbia” sí

Una única pregunta ¿a qué clase social pertenece el del discurso? Por cierto, “aspiracionistas” no es una palabra, “soberbia” sí.

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