Los mal portados

“Que se porten bien porque hacen sufrir mucho a sus mamás, a sus familiares. Ahí andan las mamacitas sufriendo porque sus hijos están detenidos o porque no les han hecho justicia porque uno de los hijos o dos perdieron la vida”, dijo Andrés Manuel López Obrador.

En 20 años trabajando en los medios de comunicación he tenido la oportunidad de entrevistar a muchísimas personas: candidatos y candidatas a la presidencia, al hombre que dio la orden para derribar un avión repleto de civiles durante el ataque a las Torres Gemelas, cantantes, actrices y actores, activistas y recientemente hasta a Bono; sin embargo, la entrevista que grabé la semana pasada ha sido por mucho la más difícil de mi vida.

Los dos hombres sentados a mi lado se dedican a robar. Empezaron cuando eran adolescentes. A los 14 años fue su primer robo, y se iniciaron con transeúntes quitándoles el celular y la cartera. Aquel primer atraco le dejó a uno de ellos $1,400, entre lo que su víctima traía en la cartera y lo que le dieron por el celular. Si salen a trabajar —sí, así le llaman, trabajar—, con dos robos al día y 20 días de trabajo pueden esperar un ingreso de casi $50,000 al mes.

Antes de las elecciones, tuve la oportunidad de preguntarle al ahora secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, si creía que las becas otorgadas a estudiantes, que constan de $800 al mes, o $3,600 mensuales del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, en realidad iban a alejar a los jóvenes de la delincuencia organizada, tomando en cuenta lo que gana un halcón. “No, no ganan grandes cantidades”. Me pidió que no romantizáramos con las cifras que paga la delincuencia organizada a sus miembros, que no era tanto como se creía. Quizás estos programas puedan ofrecer un camino para quienes no se han iniciado en la delincuencia; para personas como mis entrevistados, no. Uno de ellos admira y quiere ser como Pablo Escobar.

Lo más complicado de hacer una entrevista como ésta consiste en despojarse de los prejuicios. Sólo quitando las etiquetas de “bueno”, “malo”, “moral” e “inmoral” podemos crear un espacio de confianza para poder entender al otro, para animarlo a contar con mucha más soltura su historia. Esto no es sencillo, tomando en cuenta que, a menos que te dediques al robo, tienes ya una postura sobre su actividad.

Ninguno de los dos roba a mujeres solas, mujeres con niños pequeños o mujeres mayores, no se trata de código de ética, es mera precaución: “Si te agarran con una mujer, luego te acusan de violación y otras cosas”. Les pregunto si alguna vez piensan en las personas a quienes han despojado de sus pertenecías, el miedo que provocan en ellas. Me responden para mi sorpresa que sí, y para mi mayor sorpresa no se trata de compasión, las recuerdan porque la cara de miedo que ponen les emociona, son adictos a la adrenalina generada por asaltar.

Uno de ellos fue abandonado por su madre a los tres años y por su padre a los siete. El otro siguió la actividad de su papá, a pesar de los regaños de su madre. Quizá la respuesta más esclarecedora sobre el tamaño del problema y sus probables soluciones ante quienes se dedican a la delincuencia fue la que me dieron cuando les pregunté que si tuvieran la oportunidad de pedir un deseo o tres, qué pedirían. La respuesta, junto con la entrevista completa, siguen a la espera de que decidamos o no transmitirla al aire. Entiendo a quienes puedan molestarse porque demos espacio a esas voces, y también entiendo la necesidad de escucharlas para comprender un fenómeno más grande que nosotros. Mientras decidimos qué pesa más, les pregunto: ¿qué creen que contestaron?