DPC: asesinato de funcionarios, políticos, precandidatos y candidato

DPC: asesinato de funcionarios, políticos, precandidatos y candidato

En la editorial de Pamela Cerdeira en De Pisa y Corre el tema de hoy es el asesinato de funcionarios, políticos, precandidatos y candidato. Acompaña a Pamela Cerdeira de lunes a viernes en DPC por Imagen Televisión a las 8 am junto a Hiram Hurtado.

Hace muchos años, muchos, queriendo investigar sobre el robo de niños, me encontré con una cosa terrible, no había datos. Entre que muchos eran pleitos entre los papás, las estadísticas era un verdadero desastre. El problema de no medir las cosas, es que no podemos tener dimensión de su tamaño, y tampoco podemos buscar que mejore si no sabemos ante qué nos estamos enfrentando.

Hoy, ese gran problema sin “medida” es el asesinato de funcionarios, políticos, precandidatos y candidatos. Yo no entiendo, cómo no están todos arrancándose las greñas. ¿Cuántos son? ¿Más de treinta? ¿Más de ochenta? ¿Rebasamos los cien?

El conteo más confiable es de una consultora especializada en comunicación, análisis de riesgos y política pública. No el INE, no los Institutos Locales. No las fiscalías. Ellos nos dicen que en las elecciones del 2015 hubo 61 víctimas mortales. A poco más de un mes de las elecciones ya habían registrado 476 hechos delictivos contra políticos y candidatos. Los homicidios ya superan las 88 personas. Aquí atrás vemos una lista con nombres solo de los que eran candidatos a alcaldes, porque esa cuenta la hizo Alcaldes de México, y sólo ahí podemos ver su cara, preguntarnos si atrás dejaron hijos, parejas, para quienes su muerte no se convirtió en un número más que escapa un recuento formal.

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Más datos

De las 88 personas, aspirantes y políticos, asesinadas hasta el 25 de mayo, 75% eran opositores a los gobiernos estatales. Los puestos con más riesgo, aquellos que buscaban una alcaldía. A ver cuándo hablamos de la corrupción y del PAIS que queremos construir, es de los gobiernos municipales a los primeros que nos referimos, no en el discurso, pero desde la realidad, son los que más impacto tienen en nuestras vidas.

Las luminarias que te hacen sentir que el camino hasta tu casa es más seguro, quienes arreglan los baches de tu calle, a quienes buscas cuando no hay agua, quienes tienen bajo su control a una parte pequeña de la policía, la más cercana, la inmediata. Con quien haces la mayoría de los trámites de todos los días. En donde de verdad si se quita la corrupción, lo verías reflejado de inmediato en tu cartera. Y esas personas, están rifándosela entre balas para ¿aparecer en la boleta? Arrancando propaganda de sus contrincantes, amenazando.

Que hay una estrategia para proteger a los candidatos. Claramente, algo se está haciendo mal. O la estrategia no ha sido suficiente.

Hay dos cosas clave que me preocupan:

La primera es, ¿quiénes están participando en la contienda que han decidido que así es como se debe jugar? Cuando ganen, no esperemos que se conviertan en mejores personas. Y la segunda es: una candidata o un candidato asesinado conlleva un riesgo para el asesino, su caso se convierte en un tema mediático, su resolución un asunto de partidos, y aun así, los delincuentes asumen el riesgo y hacen esto incluso a plena luz del día rodeados de gente. ¿Qué nos queda a los ciudadanos?

Y el llamado es a los gobiernos locales, de todos los partidos y al federal. ¿Cómo no están preocupados? ¿Cómo no están haciendo más? ¿Cómo pueden quedarse tranquilos?

En este muro están sus rostros, sus nombres, de los que estaban enlistados con sus datos, porque a alguien le importo. Y ese alguien no fue una autoridad. Del otro, el resto de los ochenta y tantos, que se han convertido en la contienda electoral, una cifra.  Imagínenlos parados, juntos, en un parque, un parque imaginario en el que al mismo tiempo alguien decidió sacarlos de la contienda, de la peor manera posible.

¿Por qué votamos? Porque nos importa, porque es la única arma posible que tenemos los ciudadanos para buscar que esto cambie. Y que el cinismo no nos gane la batalla, porque entonces no habrá nada restante por salvar.

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